Categoría: Israel y sus peregrinos
23 Marzo 2006
Estamos en la primera de las seis colas para revisar nuestro equipaje y documentos en el aereopuerto de Tel Aviv, rodeados de esas bandas y postes que parecen de ring boxístico. Platico para distraerme con un matrimonio de abuelos estadounidenses, cuando en eso llega el primer inspector a hacernos las preguntas de ley sobre nuestra visita a Israel y si empacamos nosotros mismos o alguien nos entregó un bultito de regalo para entregar en nuestro destino. Nos pregunta: ¿ustedes tres vienen juntos? Le contesta el gringo que para mi gusto anda en 72 años: “pues si incluye a este mexicano que coquetea con mi esposa en mis narices, entonces somos tres, pero la verdad es que él viene aparte”. Se ríe abiertamente el joven inspector israelí y muy solícito ofrece: “eso lo podemos resolver de inmediato cercando un ring con estas bandas como cuerdas y que se decida a golpes quien se queda con la señora, yo soy el réferi”. El viejo ataja: “está decidido que yo voy a ganar, soy el más joven de los dos”. Reímos los cuatro de la puntada de este trotamundos que se dice “homeless”, porque el pobrecito vendió su camión-casa de verano para viajar unos meses, como lo hace todos los años.
Yo me quedo en la cola con el segundo recordatorio en este viaje de los años que se me ven, y peor aún, que me remarcan con el dedo en la llaga.
30 de abril, 2005
servido por Miguel Angel
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23 Marzo 2006
Esperando nuestro último autobús, Biniam y Semere de Eritrea y yo, cedemos en la parada un lugar a una abuelita israelí. Nos escucha hablar en inglés y nos agradece en esa lengua. A partir de ahí no paramos de conversar hasta su bajada. Es judía de origen iraní, de donde su padre la trajo en 1935, siendo ella muy pequeña. Estudió en una escuela de monjas de Jerusalén donde aprendió a convivir con árabes, francesas, inglesas y mujeres de otras nacionalidades, a la vez que aprendía hebreo y las lenguas de sus amigas. Tiene cuatro hijas y ocho nietos. Por el camino nos muestra el café donde hace dos años en un atentado suicida terrorista murieron muchos israelís, en una tarde como esta, tan tranquila.
Como madre y abuela que es afirma claramente que la guerra es una desgracia “para todos ellos (palestinos) como para nosotros (israelís)”. Me pregunta cuándo regresaremos a nuestros países, y al saber que esta noche, se apena porque no podrá tenernos de invitados en su casa para conocer cómo viven las familias de Jerusalén, tal como ella gusta invitar a sus conocidos en encuentros casuales como éste. Una de sus reflexiones se me queda en la mente como obligación moral para compartir: “no quiero que mis nietos mueran cuando están floreciendo a sus dieciocho años, ni tampoco sus nietos”, refiriéndose a los palestinos. Algunos de sus nietos están haciendo el servicio militar de tres años, en la difusa línea del frente.
Nos despedimos de esta adorable samaritana de los emigrados y peregrinos, abuelita de la esperanza, madre de la misericordia, diosa de la sabiduría ¡¡¡Shalom gran mujer!!!
servido por Miguel Angel
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23 Marzo 2006
En 1983, a pocos días de cambiarnos a la colonia Altavista de Cuernavaca, sin conocer por ahí a nadie, se nos descompuso la licuadora. Al no tener pinzas para repararla, tuve que acudir a mi vecino inmediato a solicitarle unas en préstamo momentáneo. Don José Molina contestó a mi pedido: "debo tener unas pinzas en mi caja de hacer amigos". Me encanto su metáfora, que no refería al instrumento, sino al fin de relacionarse con sus vecinos, haciéndolos amigos.
He llegado a Israel, he tenido contacto esta vez con personas de más de 22 países de por lo menos 28 contextos culturales muy diferentes entre sí, y exactamente en el arranque de muchas de nuestras primeras pláticas, al saber que hablo español y vengo de México, la mayoría de ellas me preguntan por las "operas suaves" (soft operas), esto es por las telenovelas y sus estrellas, que tanto impacto han tenido en sus lugares de origen. Sin pretenderlo, para cualquier latino, la televisión y sus telenovelas, son la moderna caja de hacer amigos. Curiosamente, a diferencia de una pesada caja de herramientas, estas telenovelas se pueden bocetar en Cuernavaca, escribirse en Cancún, revisarse en Miami, editarse en Colombia, producirse en México y distribuirse desde Brasil para luego ser compradas en más de cien países de todos los continentes y volverse tema inmediato de conversación entre desconocidos.
Nos gusten o no las telenovelas, sepamos o no sus tramas, a los latinoamericanos no cesarán de preguntarnos por ellas las quinceañeras de Israel, la veinteañeras de Ucrania, las treintañeras de Kenia, las señoras de Rusia y Kazajstán, los profesionales de Nigeria.
Parece ser que a través de las telenovelas las lenguas española y portuguesa así como el interés en el exterior por sus culturas y pueblos, se han difundido más ampliamente por el mundo que la cultura china con las ediciones en papel del libro rojo de Mao Tse Tung; que las culturas exsoviéticas con sus textos inigualables de la Literaturnaia Gazeta, que la cultura alemana con su revista ilustrada y gratuita Skala.
Pero los programas de la tele no van en ambas direcciones como hace para cortar el cerrote del dicho de Doña Carmen, esposa de Don José Molina, esto es no va para allá y para acá, si bien hacen millones de interesadas receptoras de nuestras culturas.
Al paso le han salido las posmodernas y casi diminutas cajas de hacer amigos, los celulares, con servicios satelitales de internet, videos y fotos, recados y diccionarios, que en estas ciudades israelíes pululan entre niños, jóvenes y adultos. De plano le ganan a todas las otras cajas de herramientas para hacer amigos, pues con ellos se puede trasmitir para conversar, con imagen y voz, casi a cualquier parte del mundo, la estruendosa, vivaracha y memorable carcajada del hijo de Don José y Doña Carmen, el siempre alegre Pepe Molina.
Jerusalén, 25 marzo, 2005
servido por Miguel Angel
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23 Marzo 2006
Catheryn es una profesora de Kenya que como todos los que tomamos este curso, anda en busca de respuestas a lo que vemos diferente en Israel respecto de nuestros países. Le ha preguntado al Embajador Israelí sobre el estado actual del conflicto regional y con las autoridades palestinas, a qué se debe que pueblos y ciudades de Israel estén situados en las crestas de las colinas, y no en los valles como suele ser en nuestros países. Contesta el Embajador con toda seguridad y con una cara comprensiva de nuestra inocencia: "desde arriba se advierte con mas amplitud y se le ataca con mas efectividad al enemigo que se acerca, también se defiende mejor un asentamiento".
Por milenios este país ha sido un crucero de mercaderes entre África, Asia y Europa y todo terrateniente, califa, jeque, sha, rey, emperador o presidente, con ansias de engradecer su poderío, ha visto que le conviene tenerlo controlado, además de todas las justificaciones religiosas que puedan acompañar esta pretensión política y militar. Este sigue siendo el caso en el siglo XXI. Desde su fundación, el posicionamiento de los pueblos de este rumbo apunta a su defensa y al ataque desde los altos, con todos los costos implicados de llevar agua a los copetes de sus colinas, como lo demuestran los restos arqueológicos en madera, piedra, tela, mosaico y papel de estos y otros pueblos. Sobre los hombros y espaldas de las mujeres también se han sostenido estos pueblos, lavando, cocinando, tejiendo, haciendo vasijas, subiendo agua hasta las crestas de las colinas, además de las glorias militares que se achacan a sus hombres, eso sí, en grabados de oro, metal, mármol y otros materiales que desafían el tiempo.
23, III, 2005
servido por Miguel Angel
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23 Marzo 2006
Lo prohibido, lo secreto, lo inalcanzable, nos seduce tarde que temprano. Desde nuestra primera ida a la antigua Jerusalén intenté entrar sin lograrlo a las Mosques, o "iglesias" musulmanas. Fue hasta el cuarto intento que pude finalmente entrar, pero sólo a sus atrios. Los horarios de entrada son muy estrictos, y tanto guardias israelitas como capellanes musulmanes se encargan de vigilar el cumplimiento estricto de las reglas de entrada.
Primero no entré porque se había pasado el horario, propiamente está permitido visitarlas de 7 y media a 11 horas. Al segundo intento me retacharon por ser día sagrado, viernes, con la advertencia que ni el sábado podría entrar, por la misma razón. Al tercer intento finalmente me dejaron pasar, pero no por la puerta que quería, de modo que tuve que dirigirme a la autorizada. Aun así, apenas me acerqué a la entrada de una de las dos Mosques mayores, tres capellanes se encargaron de bloquearme la entrada. Mi acompañante, Ahmed, un musulmán turco, fue percibido por ellos como tal, pero no escapó por eso al examen de rezar una oración del Corán, además de mostrar sus documentos de identificación, que en conjunto fueron sus pases de entrada a las Mosques cerradas a nosotros los paganos.
Tuve que conformarme con su relato del lo que hay en su interior y con lo que la vista exterior de estas hermosas obras me ofrecen. Amplios espacios con piso de roca caliza amarilla o blanca, pulidos por las pisadas de millones de peregrinos que por siglos han venido de todo el mundo musulmán. Me regodeo con sus complejos diseños geométricos, mocárabes, carpintería de lo blanco, con sus púlpitos exteriores y arcadas, con los espacios abiertos que me hacen sentir junto a las nubes. Todo esto me confirma que en la familia tenemos algo de esa cultura árabe, unos mas pronunciadamente en la nariz que otros.
No me queda otra que imaginar la enorme roca bajo la visible cúpula terminada en oro por encargo del Rey Jordano, de la bella Mosque azul celeste de La Ascensión, desde la cual Mahoma el profeta, según sus seguidores, ascendió a los cielos.
servido por Miguel Angel
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23 Marzo 2006
Si trasladamos en volandas sin advertirle a un mexicano, lo colocamos de sopetón en el centro de la nueva Jerusalém, digamos a las seis de la tarde, y le preguntamos qué está viendo, seguramente nos dirá que una película de Hollywood, de esas de vaqueras y vaqueros modernos, jaladas de los pelos por lo contradictorias. Créanme que impacta ver a estas bellísimas jóvenes israelitas, portando a la cadera y sin funda tremendos pistolones a la cintura calibre 38 o nueve milímetros de hechura checa o rusa, vistiendo pantalón vaquero de mezclilla (jeans), ombliguera, y frecuentemente lentes oscuros. Se les ve por cualquier lado. Se les contrata también en servicios privados de seguridad. Pero lo informal de su vestimenta, el que estén acompañadas de sus amigos y tomando un refresco a media calle mientras chacotean, las hace parecer como jóvenes divirtiéndose con la broma del día.
Otras más usan uniforme y vigilan negocios, supermercados y plazas, de vez en cuando en pares, o en grupos mayores. Algunas están en servicio militar. Pero ni el uniforme de unas ni los jeans a la cadera de las otras, encaja en el mundo que ahora me parece artificial en el que vivo en mi país, al margen de esta realidad que exige tanto de sus jóvenes en sus más bellos años.
¿Habrá quien se atreva a lanzarles un piropo? ¿Acaso no se merecen uno cada día? ¿Tendrán qué esperar a dejar la pistola para recibirlos?
21 de marzo, 2003
servido por Miguel Angel
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23 Marzo 2006
Un cristal, dos colinas, tres kilómetros y un puesto de vigilancia nos separan de Belém, en estos días bajo el control de los palestinos. Desde las ventanas del hotel en que nos hospedamos se divisa ese lugar santo para tantos pueblos creyentes, apenas detrás de un monasterio ortodoxo, en una colina frente a Ramat Rachel. Cerca está la tumba de Raquel, muerta de regreso hacia Jerusalém. Nuestros anfitriones israelíes nos han recomendado no ir a Belém, pues quieren garantizar nuestra seguridad. ¿Pero quién teniendo fe de antaño y viniendo de países lejanos, además de tener un propósito firme, dejará de intentar una visita a Belén? Se forma un grupito entre nosotros que pretende llegar a Belém. Sus religiones los unen con peregrinos de otros credos en su anhelo por ver el lugar donde nació uno de sus profetas o su redentor. Todos están seguros de convencer a cualquier guardia del puesto fronterizo de que su entrada a Belém es una necesidad religiosa, ajena a todo motivo de carácter mundano.
Se organizan y allá van cruzando las fronteras políticas y militares para satisfacer una profunda necesidad espiritual, que derrumba murallas, doblega banderas y burla a las más modernas armas. Nuevamente la estrella de Belém les señala el camino a estos peregrinos, que en lugar de borricos o camellos, usan para trasladarse un taxi mercedes benz. Con su visita, la vida y las creencias se reafirman. Su fe los llevó y los trajo.
17 de marzo
servido por Miguel Angel
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23 Marzo 2006
"Me tiemblan las piernas cada vez que recuerdo que mi hijo de 15 años se acerca a los 18", nos dice una madre israelita con cuatro hijos. Llegando a los 18, cada uno de ellos, hará el servicio militar obligatorio de larguísimos tres años, y en caso de ser hombres, muy probablemente en zonas de alto riesgo.
"Perdí a cuatro de mis mejores amigos al segundo año de servicio en un ataque de terroristas", me comenta con visos de venganza un joven que se liberó de la milicia en el 2003. "No sabes lo que duele", continúa. Otro de ellos me comparte su más preciado propósito: "Haré una gran fiesta el día que deje la pistola", asegura esperanzado este joven que salió liberado del servicio militar hace un año, pero que se contrató como guardaespaldas para poder viajar un semestre por el sudeste asiático, como premio que se dará por haber salido con vida de su paso por las armas. Un viaje semejante a cualquier parte del mundo se regalan quienes la libran, antes de decidir si iniciarán a los 21 su universidad o algún trabajo.
El costo social, económico y moral de cualquier guerra, sea de alta o baja intensidad, es inmenso. En estos días que el gobierno israelita ha negociado con el gobierno palestino cederle el control de Jericó, con la posibilidad de que le sigan a estos otros acuerdos hacia una paz más duradera, uno de esos jóvenes califica así los recientes acuerdos: "una golondrina no hace verano". Me pasma e incomoda su escepticismo. Quizás mi ingenuidad que sostiene mis esperanzas de una paz en medio oriente derive de no haber vivido en carne propia la guerra y de haber negociado mi servicio militar a cambio de una paloma mensajera de las que criábamos de niños por el Santuario de Guadalupe. Pero más que eso, me convence aquel programa en que un sacerdote invitó a convivir a niños católicos de Belfast con anglicanos, así como invitó en otra ocasión a conocerse a niños judíos con palestinos, los mismísimos enemigos de sus respectivos padres y hermanos mayores, y que concluyeron después de sus visitas recíprocas, unos y otros, que "los otros", son "a todo dar" (cool). Tan humanos unos como los otros, tan merecedores de desarrollarse en paz y de no acabar tempranamente sus vidas antes de sus diecinueve años como los hijos de los sus vecinos.
Ojo, no estamos lejos, la guerra de baja intensidad también ha estado presente en el sureste mexicano. Hagamos a tiempo nuestra tarea para pararla.
servido por Miguel Angel
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