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La Coctelera

andante

Categoría: Rincones de Cuernavaca

25 Junio 2006

Casino de la Selva

Ella llegó en el autobús de las 20 horas a la terminal Casino de la Selva de Cuernavaca. Bajó con cuatro bolsas colgando de hombros y brazos, arrastrando una maleta. Él no estaba ahí a su llegada, por lo que ella deambuló sin consuelo por minutos entre unas sombras desesperadas y otras urgidas al irse.
Vagaba ahora una ristra de bolsas y maleta, siguiendo a una mujer en derrota.
Entonces apareció él por la puerta principal, y cada una de las bolsas fueron cayendo de los brazos de ella, desparramadas en líneas de fuga. Ellos se encontraron en un abrazo intenso, interminable.

Uno tras otro fueron llegando los autobuses de las 20:10, las 20:20 y las 20:30. Ellos seguían trenzados, dejando oír a su alrededor leves murmullos y sollozos, que más y más los apretaban.

Los testigos de tan ceñido encuentro, no pudieron contenerse más:
- ¡Eso es romance!- dijo una treintona.
- Eso fue antes un abandono- replicó una cincuentona.
- Eso es contar dinero enmedio de los pobres- agregó con mirada esquiva, un envidioso treintón.
- Eso es perder el tiempo en mimos, ¡deberían pasar a la acción aquí mismo!- animó fogosa una veinteañera, mascando chicle.
- ¡Mucha ropa!- agregó un defeño.
- ¡Déjenlos en paz! Tomen a su pareja, estrújenla con el corazón antes de que se les muera- cerró la plática con pasión una anciana, que miraba hacia dentro de sí.

Para entonces, de aquel enredo frondoso de piernas, raíces, torsos, troncos, brazos, ramas, manos y hojas que formaba la pareja, apenas se diferenció un perfil en que frentes y narices se besaban.

Miguel
Cuernavaca, junio de 2006

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30 Abril 2006

Entre la Lluvia de oro y unas Primaveras

Desde diciembre estoy esperando que llegue febrero para pasar adrede por el nacimiento de la calle Cuauhtémoc, la que surge de Madero, para deleitarme con la despampanante vista de tres delgados y majestuosos árboles que se preparan todo el año para en estos meses regalarnos sus brillantes flores. ¡Vengan a disfrutar el encendido amarillo del soberbio árbol “lluvia de oro”, que pasma a transeúntes y choferes!. Sobre el fondo azul celeste invita a dejar en el armario los lúgubres colores invernales para portar los colores atrevidos de la flora, como este brillante oro que revienta de vida sin fijarse en el qué dirán.
Pasan unos días en que reina solitario, alfombrando de amarillo la calle, cuando un par de apuestos árboles de los llamados “primavera” le salen al quite recordándonos, y presumiendo, que estos son sus dominios y sus tiempos. Esta terna con su fondo celestial, por unos días se convierten en una joya de nuestro museo callejero, a la vez que perecedera, no registrada aún como patrimonio de la ciudad, que espero sus propietarios legales nos conserven.
Ha valido la espera de todo un año. Enmedio de la temporada de secas estos cumplidos y elegantes árboles hacen habitable nuestra ciudad, la visten de gala, la hacen sorprendente, intentando compensar el opaco y predecible horizonte de pavimentos y concretos.
Queriendo asirme de la ciudad, voy apropiándome de sus rincones, mientras me cuido de tropezar por sus nanobanquetas y de que me arrolle con arrogancia su otra majestad, el auto.

Miguel
2 de marzo de 2005

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1 Abril 2006

Amando en la calle

Fue mi padre quien me hizo reconocer este lugar único de Cuernavaca, a la vez humilde y llamativo, diminuto y memorable, identificatorio de un acto público e imperecedero de amor.
Ahí está a nuestro paso, en la base de un poste gris cualquiera de concreto, a la orilla de una de las pocas banquetas planas de la ciudad, sobre la calle Melchor Ocampo, casi al llegar al puente del túnel. Se trata de un mínimo sitio ocupado por un bouquet perennemente renovado de hermosas flores, que infalibles, jalan la vista y retan nuestra prisa con preguntas que se repiten a cada vuelta por el rumbo: ¿que hacen ahí esas lindas flores apenas protegidas por el poste? ¿quién las habrá puesto? ¿a qué horas las renueva?
Han pasado años que me deleito con ese curioso sitio del paisaje urbano cuernavacense sin detenerme a contemplarlo de cerca por la más nimia excusa.
Hoy es el día, no me resisto, rompo la inercia de seguir adelante y me paro a oler las flores, a sentir de cerca su tersura, y a leer lo que las prisas me impedían aprender. A mis pies, oculta detrás de las siempre radiantes flores, ahogada en la base del poste, está una cruz metálica con la declaración de amor perpetuo de una madre por su hijo muerto en plena juventud. Su mensaje vivo, el de las flores que nos regala diariamente a la vista, nos deja claro lo aparentemente imposible. Ahí, entre el rudo concreto y los tonos más grises y desvaídos de la ciudad, florece colorido el amor materno, dándose día a día, convirtiendo en prodigio un lugar cualquiera, deslumbrando en público con el más desinteresado amor.

Miguel
Marzo de 2005

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Cuernavaca, Morelos, Mexico, México
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Escribo, de vez en cuando pinto. Luego esculpo en cualquier clase de superficie. Sigo aprendiendo idiomas, me gusta escuchar y tratar de comprender. Fui matemático, ahora estoy en gestión e investigación educativa. Acepto cualquier reto en dobles de tenis, especialmente en arcilla. Soy Mi guel A. Izquierdo Sánchez y vivo en Cuernavaca, México
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