De alambres, alambreros y tramperos en tenis.
Hay menos tipos de alambres que de tramposos, pues algunos de éstos se benefician de más de un tipo de alambre y no les preocupa la originalidad o distinguirse por emplear sólo uno de ellos.
Por ejemplo Alfisco es experto en marcar fuera las bolas buenas de sus rivales. Bartoso es un especialista en exigir como buenas las bolas que saca en la cancha de su opositor. Loriundo se declara tenista débil visual voluntario, pues no ve cuando le conviene, sacando y metiendo bolas a placer. Cardún disfruta disminuyendo los puntos de su adversario. Dionico saliva cada vez que marca más puntos a su favor sin haberlos logrado. Ertusto usa permanentemente la lengua para distraer a su contrincante, cuando está por pegarle a la bola. Fortuito ofende al término de cada punto a su enemigo y cuando le piden respeto sale con el cuento de que habla para sí mismo. Gorintio dilata adrede el juego cuando está enrachado su rival.
Los hay quienes se valen en un partido de varias de estas tretas, son auténticos tramposos combinatorios, alambristas de talcos en los bolsillos.
Pero a cada uno de ellos lo supera mi compadre Argucio, artista del alambre fino, meticuloso, oportuno, sistemático. Lean si no.
Si marca fuera una bola buena de su oponente le dice para reconfortarlo: “salió por un pelito de virgen”. Si pelea como buena una bola que sacó en el lado de su contrincante, lo hace por una causa noble, como cuando apuesta una cerveza. Si disminuye los puntos de su adversario y lo cachan confiesa que lo hizo “para que no se distraiga”. Si se aumenta arbitrariamente puntos a su favor y le reclaman la argucia, contesta: “es que me distraje”. Si le hacen la marrullería de ofenderlo en medio de una jugada, añade de inmediato “se vale la autocrítica”. Si la maniobra de su rival es interrumpir un punto para ganar tiempo y romper su racha favorable, cuando regresa a la cancha el contrario, mi compadre Argucio hace sonar su celular y suspende el partido diciendo que le llama su entrenador psicológico desde Pno-Men-Chin- gues, tomándose el doble de tiempo.
Cuando al terminar un partido le reclaman sus alambres y los puntos que quitó a su honorable rival, contesta con toda mesura y cara de justicia: “la verdad, sólo le hice trampa en los puntos importantes”.
Casi siempre gana, pero llega muy rara vez a perder. Precisamente cuando no hubo apuesta de por medio, o “para no perder al cliente”, o cuando la apuesta era “de a pellizco”. Entonces sabe bien perder, preparando el terreno para que el ganador caiga en el garlito de apostar al siguiente partido, que ha perdido de antemano al momento de aceptar el reto, o como él lo llama, "el derecho de réplica".
Si ven una profunda raya por la cancha de arcilla, es el rastro de su tercer pié, su colmillo.
Miguel
Mayo 28, 2006
