En 1983, a pocos días de cambiarnos a la colonia Altavista de Cuernavaca, sin conocer por ahí a nadie, se nos descompuso la licuadora. Al no tener pinzas para repararla, tuve que acudir a mi vecino inmediato a solicitarle unas en préstamo momentáneo. Don José Molina contestó a mi pedido: "debo tener unas pinzas en mi caja de hacer amigos". Me encanto su metáfora, que no refería al instrumento, sino al fin de relacionarse con sus vecinos, haciéndolos amigos.
He llegado a Israel, he tenido contacto esta vez con personas de más de 22 países de por lo menos 28 contextos culturales muy diferentes entre sí, y exactamente en el arranque de muchas de nuestras primeras pláticas, al saber que hablo español y vengo de México, la mayoría de ellas me preguntan por las "operas suaves" (soft operas), esto es por las telenovelas y sus estrellas, que tanto impacto han tenido en sus lugares de origen. Sin pretenderlo, para cualquier latino, la televisión y sus telenovelas, son la moderna caja de hacer amigos. Curiosamente, a diferencia de una pesada caja de herramientas, estas telenovelas se pueden bocetar en Cuernavaca, escribirse en Cancún, revisarse en Miami, editarse en Colombia, producirse en México y distribuirse desde Brasil para luego ser compradas en más de cien países de todos los continentes y volverse tema inmediato de conversación entre desconocidos.
Nos gusten o no las telenovelas, sepamos o no sus tramas, a los latinoamericanos no cesarán de preguntarnos por ellas las quinceañeras de Israel, la veinteañeras de Ucrania, las treintañeras de Kenia, las señoras de Rusia y Kazajstán, los profesionales de Nigeria.
Parece ser que a través de las telenovelas las lenguas española y portuguesa así como el interés en el exterior por sus culturas y pueblos, se han difundido más ampliamente por el mundo que la cultura china con las ediciones en papel del libro rojo de Mao Tse Tung; que las culturas exsoviéticas con sus textos inigualables de la Literaturnaia Gazeta, que la cultura alemana con su revista ilustrada y gratuita Skala.
Pero los programas de la tele no van en ambas direcciones como hace para cortar el cerrote del dicho de Doña Carmen, esposa de Don José Molina, esto es no va para allá y para acá, si bien hacen millones de interesadas receptoras de nuestras culturas.
Al paso le han salido las posmodernas y casi diminutas cajas de hacer amigos, los celulares, con servicios satelitales de internet, videos y fotos, recados y diccionarios, que en estas ciudades israelíes pululan entre niños, jóvenes y adultos. De plano le ganan a todas las otras cajas de herramientas para hacer amigos, pues con ellos se puede trasmitir para conversar, con imagen y voz, casi a cualquier parte del mundo, la estruendosa, vivaracha y memorable carcajada del hijo de Don José y Doña Carmen, el siempre alegre Pepe Molina.

Jerusalén, 25 marzo, 2005