Lo prohibido, lo secreto, lo inalcanzable, nos seduce tarde que temprano. Desde nuestra primera ida a la antigua Jerusalén intenté entrar sin lograrlo a las Mosques, o "iglesias" musulmanas. Fue hasta el cuarto intento que pude finalmente entrar, pero sólo a sus atrios. Los horarios de entrada son muy estrictos, y tanto guardias israelitas como capellanes musulmanes se encargan de vigilar el cumplimiento estricto de las reglas de entrada.
Primero no entré porque se había pasado el horario, propiamente está permitido visitarlas de 7 y media a 11 horas. Al segundo intento me retacharon por ser día sagrado, viernes, con la advertencia que ni el sábado podría entrar, por la misma razón. Al tercer intento finalmente me dejaron pasar, pero no por la puerta que quería, de modo que tuve que dirigirme a la autorizada. Aun así, apenas me acerqué a la entrada de una de las dos Mosques mayores, tres capellanes se encargaron de bloquearme la entrada. Mi acompañante, Ahmed, un musulmán turco, fue percibido por ellos como tal, pero no escapó por eso al examen de rezar una oración del Corán, además de mostrar sus documentos de identificación, que en conjunto fueron sus pases de entrada a las Mosques cerradas a nosotros los paganos.
Tuve que conformarme con su relato del lo que hay en su interior y con lo que la vista exterior de estas hermosas obras me ofrecen. Amplios espacios con piso de roca caliza amarilla o blanca, pulidos por las pisadas de millones de peregrinos que por siglos han venido de todo el mundo musulmán. Me regodeo con sus complejos diseños geométricos, mocárabes, carpintería de lo blanco, con sus púlpitos exteriores y arcadas, con los espacios abiertos que me hacen sentir junto a las nubes. Todo esto me confirma que en la familia tenemos algo de esa cultura árabe, unos mas pronunciadamente en la nariz que otros.
No me queda otra que imaginar la enorme roca bajo la visible cúpula terminada en oro por encargo del Rey Jordano, de la bella Mosque azul celeste de La Ascensión, desde la cual Mahoma el profeta, según sus seguidores, ascendió a los cielos.

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