Van algunos chispazos que siguen saliendo de Pianito, pariente de tíos Pancho, Juan y otros Bravo de fino humor. Ojalá fuera él quien los escribiera, seguramente barbotarían risas por todos lados.
Cada vez que lo saludamos preguntándole cómo está, contesta con alguna de estas variantes: “pues hoy al levantarme me ví en el espejo como siempre: hermosísimo”. Otras veces responde: “no cambio nada, estoy chulísimo”.
Su memoria cada vez le ayuda menos, seguido pide que le saque dinero del banco para pagar el hotel y regresar a su casa, desorientado. Le dice tía Peranza para calmarlo: “esta es tu casa, quítate eso de la cabeza”. Responde Pianís bromeando: “lo que debo quitarme es la cabeza”.
Hay varios rasgos que dicen tanto de él, de sus valores y de su vida, que van aquí muy condensados. Se despierta apurado como siempre por ahí de las cuatro y media de la mañana con la pregunta: “¿qué clases me toca dar hoy?”. El deber y el gusto de ser profesor se le impone a 20 años de haberse jubilado. Sus alumnos lo siguen marcando.
Cada mañana sale a barrer la calle y saludar a los vecinos. Enseguida sube a su carro (al que le hemos quitado la batería hace meses por el peligro de que lo conduzca). Su imagen y parte de él es un coche que lo lleva al trabajo.
Cuando nos visita en casa, al terminar de comer quiere pagar lo que debe “al restorán”. Le gana el deber moral, estar a mano con el mundo y con quien le ha dado de comer. Uno de su apellido no sale del hotel o de un restorán sin pagar.
Usa bastón para apoyarse, pues sus rodillas le cobran con dolor al gran deportista de suerte apenas a partir de los 85 años. Dice que no va a cambiar de tratamiento, sino de rodillas para que no le duelan. Antes de subirse a nuestro coche, muy caballero, ayuda a su Pita a subir, abriéndole y cerrándole la puerta. Se le olvida cualquier otra cosa, incluso el bastón, pero nunca que van antes las mujeres.
Eso sí, a diario hay una rutina que le viene muy bien con la pérdida de memoria. A la una y media en punto es la hora de una copita de tequila, para hacer apetito. A la una cuarenta y cinco ya se le olvidó, y reclama su primera copita. A las dos hace cara de enojado al desaparecer la botella y empieza a buscarla para invitar a las visitas un degustador. Si de plano no tiene más remedio que aceptar que ya tomó varias, pregunta inocente: “¿no será que ahora hacen las copitas más chicas?”, o bien observa con inteligencia: “estos fabricantes están haciendo copas que volatilizan el tequila”. Todos contra él y el gran gusto familiar por el mezcal o el tequila.
Bromea con su muerte. Sugiere que no se le lleve a San Luis a enterrar, pues “sería muy incómodo ir con la cabeza rebotando por los baches de la carretera”. Mejor que lo lleven “a ese jardín silencito” que está a sólo dos cuadras, al panteón de la Leona. Como su suegro, sólo pide “que (la muerte) llegue a tiempo”.
Su gran meta de vida, la cumplió al ver llegar el año 2000, que se había prometido ver desde su juventud. Bajó la guardia una vez lograda, pero sobran testigos de que le dio empuje por más de cincuenta años.
Miguel
Noviembre, 2005

Miguel Ángel:
Nosotros enfrascados con la LIE y tú dándole vuelo a la hilacha. ¿Tienes programa de trabajo o vives de tus rentas? Espero que en julio estés en México emitiendo tu voto por el Peje.
Te saludo desde Querétaro.
Arturo Santana
Miguel: me encantará algun día compartir unos momentos con ese hombre maravilloso. Me recuerda mucho el humor norteño y a mi padre especialmente quien también se veía al espejo y decía en broma que estaba guapísimo!!!
Y sobre el tenis, cuando quieras puedes venir aca a tepoz a jugar con Carlos mi esposo. Los sábados se arman en la mañana juegos dobles. Entre semana singles.
Hermano, hay algo que completar: esas bendiciones que da a los cuatro vientos y a los cinco jijos.
¿Qué angustias pasará su corazón si no sabe si sus hijos estan bien o estan mal?, aunque esten bien.
Sus bendiciones nos habitan, nos abren caminos, nos hacen distinguir rutas, también me hacen un nudo en la garganta.