Deshojando

Estos días he tratado de ordenar mis libreros, y he encontrado demasiados libros interesantes, que significaron mucho para mí, pero abandonados. Soy uno de esos que no fácilmente se desprende de las cosas, pero que poco a poco, al convencerme de la ventaja de vivir en espacios más estrechos y más fáciles de asear, he tenido qué reconocer que más vale leer un libro y regalarlo o prestarlo, que tenerlo ahí vegetando sin ser útil a alguien más.
Así que me puse regalarlos. Primero han salido los de economía, luego los de historia, más adelante los poco usados de ciencias sociales. Más dolor me dieron al irse de casa los de matemáticas, mi primera carrera, junto con los de enseñanza de las matemáticas, mi primera profesión. La verdad es que salieron casi a cuentagotas, pues no me acababa de convencer de que había dejado de ser matemático y profesor de matemáticas.
Más adelante salieron muchos de ruso, que compartí con un joven entusiasta como yo a su edad de esa bella lengua. Me sorprendí de la variedad de libros que había comprado de literatura y ciencias de la exunión soviética, pero quedé más conforme cuando comprendí que jamás tendría tiempo para leerlos todos. Me he quedado con unos cuantos diccionarios, claves para acercarme a sus parlantes, cantantes y escribientes.
Empiezo a compartir los libros de literatura. Me cuesta demasiado ver salir cuentos y novelas. Con mucho gusto compartimos cuentos para niños con unos ahijados. ¡Tenía toda una colección que había comprado para mí y mis sobrinas, desde antes de pensarlos para Neto y Ere, nuestros hijos! Reservo también los de poesía, para quien tenga voluntad de leerlos.
Me han dicho de una persona muy culta que no tiene en su librero más que el libro que está leyendo, antes de rolarlo o regalarlo. No llego a tanto, aunque se me hace atractiva la idea, como aquella otra de que no nos llevamos a la otra vida más que los viajes que hicimos.
Supongo que lo que sigue es deslibrarse como deshojarse, quedándonos con lo esencial, con las vivencias y entre ellas las ricas fantasías y experiencias que quisimos tomar de los otros por sus textos y pretextos. Espero con ello ser más libre.
Miguel
Diciembre de 2005