Z., sobrina soltera con una buena cantidad de sobrinos a su cargo un fin de semana sí, y casi otro también, cuenta que llegó un sábado una de sus hermanas a dejarle sus hijos para poder ir a pasear con su marido. Z., esa vez un tanto cansada de esos pingos encargos, se resistió, a lo que su hermana le suplicó que la apoyara, por solidaridad cristiana. Pregunta Susana mi esposa al escuchar esta plática: ¿y por qué no te dejó encargado al marido, en lugar de los hijos, por solidaridad cristiana?
Como ven, les sobran recursos a las tanquianeras para salir al paso de toda clase de apuros, sean mundanos o sagrados.
(De la colección: Tallas tanquianeras)
Miguel
Cuernavaca, 21 de marzo, 2006