A los dieciocho años, platicaba con mis hermanas sobre lo afortunados que habíamos sido en la familia de mis papás, al no haber en ella ningún pariente accidentado o difunto antes de tiempo y según nosotros, todos los vivos gozaban de buena salud……. Seguíamos con ese recuento cuando empezamos a preguntarnos: ¿y qué fue de la hermana mayor de mamá? No pudimos contestar. Pero sí sabíamos que había muerto joven. Tuvimos que rectificar poco a poco: ¿se acuerdan del tío Juan, hermano de mi mamá?, parece que se suicidó. ¡Ey!, ¡También lo hizo pocos años después tía Tere, la gemela de mamá! En un segundo, el paisaje familiar nos cambió por completo, el cuadro ya no era tan feliz, ni siquiera tranquilo. Digamos que era más humano, por no decir tormentoso…..Pero ciertamente no había respuestas claras, producto de los mensajes vagos que habían llegado a nosotros en la niñez.
Por eso demando a los parientes mayores, tíos, primas y primos, para que cuenten lo que saben de esas dos mujeres hermosas y un amoroso tío que ahora sabemos por cierto que se suicidaron, pues nos dejaron sin el cariño de tres tíos, y a la mirada serena de mi abuela Lupita sin la mitad de sus hijos. Si lo cuentan, los queridísimos parientes chicos, nuestros retoños, podrían también aprender de aquellas vidas y sus suicidas causas silenciadas.
Antes que eso, ¿pueden decirnos si mis tíos habrán dejado recado para nosotros?
Miguel
Agosto de 2005

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