Producto de algún fallo en el manejo posterior de la primera operación del cerebro de Pianís (un par de cuernos en sus respectivos parietales), le entró un chiflón de aire que presionó hacia abajo y hacia el frente su cerebro. Eso lo tuvo 48 horas consecutivas sin dormir y hablando incoherencias que nos preocuparon sobremanera. De ahí que viniera la segunda operación, con un par de cuernos en la frente destinados a sacarle el aire que comprimía peligrosamente su vida. Efectivamente salió el aire, mientras le entraba a sus 86 años un juvenil Cupido por no sabemos cuál de los dos agujeritos. Eso lo mantuvo piropeando en el hospital a cuanta enfermera, doctora o afanadora se le presentara en el cuarto, y besando las manos de la que se pusiera al alcance, peripecias que con muchos esfuerzos y amarre de manos a la cama, logramos no se convirtieran en un drama posoperatorio familiar.
En eso estaba cuando le vino la neumonía, que recordarán fue causa de que el tío Helio y mi general Izquierdo se nos fueran. Ordenaron entonces los médicos la traqueotomía, que lo privaron de "aquél chorro de voz" que tenía, dejándole apenas un chisguete. Eso no mermó ni un tantito el volumen de cumplidos ni de miradas coquetas que repartió a su alrededor. Su ánimo seguía firme, ajeno a los peligros que estaba pasando. Los doctores no arriesgaban diagnóstico de mejora alguna respecto a como entró, sobretodo valorando la fuerza con que intentaba quitarse toda la tubería que le tenían instalada para oxigenarlo y sacarle las flemas. Sin embargo, por ninguno de los cinco orificios que le hicieron se salió Cupido y uno a uno, fueron cerrando debajo de su gruesa piel de indio negro, como dijo de sí mismo.
Desde hace ocho días nos lo entregaron "de alta", yo diría "de pico parado", pues agregó a su repertorio afectivo plantar un beso no sólo en la mano, a la dama que se apreste. Cualquier joven es su hija o nieta, independientemente de que se acuerde de su nombre, por lo que la abraza y besa cariñosamente, feliz de volverla a ver.
Sigo reportando en serio: todo para él es hermoso, bello, encantador, lindo, extraordinario. Celebra la vida como nunca y cada mañana hace planes para irse a su casa. Pide ayuda para organizarse y manda recados para su admirado padre, con sollozos de vez en cuando por recordar a su amadísima madre, a quien no ha visto últimamente.
Así, gracias a él, hacemos presentes lazos, afectos, experiencias, metas de reencuentro con tantos seres queridos vivos y finados, que en su imaginario, pasan a visitarlo y aprovechamos para hacerlos parte de nuestra vida.
¡La amorosa vida!

Miguel, noviembre de 2006