Es de noche. En la casa de Pianís, él mismo se ha mandado con quizás cuatro o cinco tandas de pláticas entreveradas, casi monólogos por su necesidad de expresarse, durando cada una de media a una hora. Su voz en ellas ha sido de maestro ante grupo grande de salvajes bachilleres. Entre una y otra tanda, ha combinado con múltiples intentos físicos de irse a su casa, por la tarde o entrando la noche, apenas detenido por descubrir que su Pita, estaba en los alrededores. “¡Hace mucho que no te veía!”, le dice feliz de encontrarla, robándole un beso en la frente. O bien le dice, muy sorprendido: “¡no sabía que aquí vivías!”, pero invitándola a irse con él. Sólo le detiene que es de noche, aceptando nuestro cuento de que no hay autobuses a esta hora. Acepta finalmente, después de mil argumentos, que será mañana cuando se vaya a su casa.
Cansado mucho más que él, me dispongo a presionarlo para que se acueste a dormir. Entonces yo que había sido su hijo durante el día, ahora recostado en la cama contigua, dejo de serlo, pues me dice: “amigo, Dios lo bendiga por todos los cuidados que me tiene”. Al rato, después de larga reflexión, me transforma: “hermano, Dios te colme de bendiciones por todo lo que has hecho por nosotros”. Pasan unos minutos y ahora me distancia: “vecino, disculpe todas las molestias que le causo, pero nuestro Dios que es grande le compensará a manos llenas”. Más adelante, me dice: “compañero, quién habría imaginado que usted se iba a ocupar de mí, sacándolo de sus clases”. Y le sigue una ristra de bendiciones para la mujer, hijos, nietos y todas las siguientes generaciones de su cuidador, en cualquiera de sus denominaciones.
Soy luego su admirado primo Julio, boxeador de Santa Julia; paso por ser su querido compadre Sam de San Luis; su simpático sobrino Cleto de Querétaro. Independientemente de la personalidad que me atribuya, y gracias a todas las buenas obras de ellos mis representados, salgo de su cuarto como impostor involuntario, de puntitas y henchido de agradecimientos y bendiciones, de reconocimientos y retribuciones, de sobradas muestras de bonhomía y rica herencia espiritual que les pertenecen a ellos.
Justo es que les lleguen ahí a donde estén.
Miguel, 27 de agosto de 2007

Escribe un comentario