Celina y una amiga potosina visitaban La Paz, Baja California, por allá en los setentas y preguntando aquí, indagando allá por el Fideo, dieron finalmente con la cabaña del Encantu, como Pitita había rebautizado para la posteridad a Rico Ayala.
El primo las paseó en su troca por los mejores panoramas de La Pa ´, por el Coromue´, por Pichilingue y por aquellas hermosas "colinas del Sur, junto a las playas del mar Bermejo", tal cual deliciosamente anunciaba un locutor local de entonces. Las paseó hasta que creyó haberlas cansado, disponiéndose por su parte a ir a trabajar después del mediodía. En eso ordenó como General celoso:
- Se quedan aquí en la cabaña y no se les ocurra usar la troca. Me esperan para salir juntos a pasear.
Al retirarse, por si la indicación no estaba clara, alcanzó a repetírselas apuntándoles con el dedo índice, inclinando la cara y con la ceja erguida.
Ellas, echando la cabeza para atrás, por supuesto que le dijeron "¡cómo crees!", y por supuesto también que cuando la troca les hizo ojitos, decidieron arriesgarse a desobedecerlo, en especial por el modo de su insistencia. Tomaron las llaves de la troca y ahí van montadas de aventura secreta a buscar a la parvada de paceños que poblaba el Coromuel.
Llegaban a ese hermoso paseo cuando extrañamente sintieron como que desde el cielo, un rostro irascible de ceja erguida se les inclinaba, que un dedo con firmeza las señalaba, sensación que las forzó a orillarse, parar la troca ylevantar la vista al cenit. Ahí,desde medio cielo, provenían unos poderosos gritos que les recriminaban: "les dije que no la tomaran, se me regresan de inmediato a la cabaña con todo y troca".
Electrizadas, descubiertas in fraganti por el omnipresente instructor de paracaidismo acuático apellidado Ayala, con la amenaza de un castigo celestial que les pesaba sobre los hombros, ahí van de regreso las amigas potosinas, sin haber enseñado sus bikinis más que a los no tan jóvenes asientos de aquella tentadora y condenada troca.
Miguel, diciembre 30 de diciembre de 2007

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